El mundo del vino es un sector con un importante componente de artesanía y talento artístico en su elaboración. Sin embargo, a la hora de convertirlo en un artículo de consumo, parte de esa magia se diluye debido a los sistemas industriales utilizados en su embotellado y etiquetado. El producto final acaba estandarizado, perdiendo así la exclusividad de la obra de arte como creación única.

En grandes producciones, esta forma de proceder es la más eficiente y la única viable. Pero en el arte o en el lujo, el criterio dominante nunca es la eficiencia, sino la mística de la originalidad, la exclusividad y la excelencia a toda costa.

Por eso, cuando el estudio del diseñador Valentín Iglesias (https://valentiniglesias.com/) tuvo que enfrentarse al reto de dar vida a la imagen de La Ballestera, rápidamente se dieron cuenta de que no podían actuar como si se tratase de otro proyecto más.

La finca y bodega propiedad de la familia Seglem —unos empresarios noruegos amantes de España y mecenas del arte— es su refugio en los límites entre Andalucía y Castilla La Mancha y es también la sede que acoge parte de su colección particular. El diseño para este proyecto debía que ser capaz de transmitir todas esas emociones y esa sensibilidad por el arte y la belleza.

Con producciones de apenas unos millares de botellas de un vino sublime creado por el aclamado enólogo Ignacio de Miguel, la idea de usar procedimientos industriales estaba en las antípodas de lo que La Ballestera debía ser. Valentín Iglesias y su equipo dejaron momentáneamente de lado su mentalidad de diseñadores y se metieron bajo la piel del artista.

Con este enfoque, crearon una identidad de marca usando el lenguaje del cubismo. Un ojo, una nariz y una boca, como el autorretrato de Picasso; vista, olfato y gusto: los sentidos de la cata de vinos.

Para el diseño de producto eligieron una botella vanguardista que estamparon con la marca como si fuera una máscara tribal. Normalmente aquí debería terminar el trabajo del diseñador, pero en este caso, esto solo era el punto de partida. Partiendo de dicha imagen, la idea central era que cada botella representase una plataforma de creación de algo único.

Trasladaron su estudio a la nave de embotellado y pintaron una a una cada botella. El resultado final: una obra de conjunto donde cada unidad es irrepetible. A diferencia del diseño, donde todo es decidido previamente a la realización, en este caso Valentín Iglesias se dejó guiar por la intuición y la inspiración del momento.

Y en la próxima añada, nuevos artistas harán sus interpretaciones de las botellas de La Ballestera. Un concepto de creación abierto a las aportaciones de nuevos creadores. Un proyecto donde no todo está fijado de antemano por el diseñador original. La identidad y el ADN de La Ballestera representan la celebración del proceso de crear; vino, arte y diseño en una frontera que se desvanece.

La Ballestera vino arte y diseño en la frontera
Marca de vino La Ballestera; vino, arte y diseño en la frontera.

Identidad Visual La Ballestera en botella de vino tipo Syrah
Identidad Visual de la marca La Ballestera creada por el estudio de Valentín Iglesias, aplicada en la botella de vino tipo Syrah.

Branding identidad visual marca de vino La Ballestera
Branding marca de vino La Ballestera, inspirado en Picasso y el cubismo.

Conjunto de botellas de vino La Ballestera arte en la botella
Botellas de vino La Ballestera, arte en la botella.

Conjunto de botellas de vino marca la ballestera
Botellas de vino marca La Ballestera, una obra de conjunto donde cada unidad es irrepetible.

Branding identidad visual marca de vino La Ballestera posavasos
Branding marca de vino La Ballestera, diseño de posavasos.

Arte y diseño en la barrica de la marca de vino La Ballestera
Arte y diseño también en la barrica de la marca de vino La Ballestera.

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